La intercesión de Abrahám en favor de Sodoma y Gomorra

Es la primera oración de intercesión clara que nos ofrece el Antiguo Testamento, pero al mismo tiempo es tal vez la oración de mayor confianza que un intercesor humano dirige a Dios en la historia de la intercesión (cf. Gn 18,16-33).

  • La iniciativa parte de Dios. Tiene pensado destruir Sodoma y Gomorra a causa de sus pecados. Lo primero que hace es ponerlo en conocimiento de Abraham; y es que, aun cuando el hombre sea el intercesor, Dios se ocupa de poner en el corazón del intercesor aquello por lo que quiere que ore, cuando se sale de lo que podríamos considerar 'objetivos permanentes y obligados': "¿Por ventura voy a ocultarle a Abraham lo que hago?" (Gn 18,17).
  • Y dice Dios a Abraham: "El clamor de Sodoma y Gomorra es grande; y su pecado gravísimo. Ea, voy a bajar personalmente a ver si lo que han hecho responde en todo al clamor que ha llegado hasta mí, y si no, he de saberlo" (Gn 18,20-21). Abraham es informado para que su corazón de intercesor pueda empezar a realizar la misión de mediación.
  • Antes de iniciar su trabajo se sitúa correctamente: "Abraham permanecía parado delante de Yahveh" (Gn 18,22). Es decir, permanecía en su sitio. Los hombres de Dios del Antiguo Testamento, como es un intercesor, lo más que pueden hacer es estar delante del Señor. En primer lugar porque su relación con él es suficientemente profunda como para no poder estar en otro lado; y en segundo lugar, porque estar delante del Señor es el sitio exclusivo del intercesor. También Jesús "se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos" (Hb 8,1).
  • Abraham empieza a hablar desde el sentido común y la razón. Ambos son dones que Dios nos ha concedido para que los usemos: "¿Así que vas a borrar al justo con el malvado? Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Es que vas a borrarlos y no perdonarás a aquel lugar por los cincuenta justos que hubiere dentro? Tú no puedes hacer tal cosa: dejar morir al justo con el malvado... El juez de la tierra ¿va a fallar una injusticia?" (Gn 18,23-25). Abraham empieza a hablar a Dios del mismo modo que hablaría un abogado ante un juez de la tierra.
  • Demostración de confianza (fe práctica) y humildad. Abraham se atreve a hablar a Yahveh con todo respeto, pero con la misma confianza que da el conocimiento profundo de un interlocutor tan especial como Yahveh. Después de obtener respuesta positiva a su 'lógico razonamiento', y viendo que Yahveh es alguien que 'entiende a los hombres y sus problemas', sus manifestaciones de confianza se desatan en cadena, pero arrancando de una gran humildad: "Mira que soy atrevido de interpelar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Supón que los cincuenta justos fallen por cinco. ¿Destruirías por cinco a toda la ciudad?... No la destruiré si encuentro allí a cuarenta y cinco" (Gn 18,27-28).
  • Y sigue la oración de intercesión más perseverante de la historia, con una especie de regateo propio de un vendedor ambulante, rebajando la cuota de diez en diez hasta que ya no le quedan más que diez. Eso sí, excusándose delicadamente cada vez que se dirige a Yahveh: "No se enfade mi Señor si le digo" (Gn 18,30)..., "cuidado que soy atrevido de interpelar a mi Señor" (Gn 18,31)..., "no se enfade mi Señor, que ya sólo hablaré esta vez" (Gn 18,32).